Nunca pensé que escribiría algo así. Durante años, viví atrapado en una rutina autodestructiva que me parecía imposible de romper. Mi adicción comenzó de forma casi invisible: una copa para relajarme, una pastilla para dormir, una excusa tras otra. Lo que empezó como una forma de evadir problemas acabó por consumirlo todo: mi trabajo, mis relaciones, mi dignidad.
Toqué fondo cuando mi pareja me echó de casa y mi familia dejó de contestar mis llamadas. Me vi solo, sin rumbo, repitiendo cada día el mismo ciclo. Fue entonces cuando, casi por casualidad, encontré el número de Liberadict Sevilla. No fue fácil llamar. Me temblaban las manos. Pero lo hice.
Desde el primer día sentí que no me juzgaban. Me escucharon de verdad. El equipo me ofreció algo que no había tenido en mucho tiempo: comprensión y estructura. Comencé con terapia individual y luego en grupo. Al principio no hablaba casi nada, pero escuchar a otros contar historias tan parecidas a la mía me hizo sentir menos solo. Poco a poco, comencé a compartir también.
Recuperarse no es una línea recta. Tuve recaídas, días de rabia, de tristeza profunda. Pero también empecé a tener momentos de claridad, de fuerza. Me enseñaron a conocer mis detonantes, a cuidar de mí mismo, a decir ‘no’ sin culpa. Aprendí a perdonarme.
Hoy llevo más de un año limpio. He reconstruido la relación con mi hermana, he vuelto a estudiar, y estoy empezando a trabajar como voluntario ayudando a otras personas que están donde yo estuve. Todavía hay días difíciles, pero ahora tengo herramientas, tengo apoyo, y tengo esperanza.
Si estás leyendo esto y sientes que no hay salida, quiero decirte que sí la hay. No es fácil, pero es posible. Liberadict Sevilla fue el lugar donde recuperé mi vida. Y tú también puedes hacerlo.
— Carlos, 37 años

